El primer mandamiento nos confronta con una pregunta inevitable: ¿quién gobierna realmente tu vida? Exploramos cómo los ídolos modernos prometen satisfacción pero nunca la entregan, y cómo solo Cristo puede liberarnos de la idolatría que destruye el alma.
Cuando Dios manda a las esposas a someterse a nosotros, El está poniendo sus vidas a nuestro cuidado.



