Cuando el rey Uzías murió, Judá enfrentó una crisis profunda. La respuesta de Dios no fue un plan político, sino una visión que transformó al profeta Isaías. Contemplar la santidad de Dios nos quebranta, nos purifica y nos envía a servir desde la gracia recibida.
Cuando Dios manda a las esposas a someterse a nosotros, El está poniendo sus vidas a nuestro cuidado.



