¿Por qué seguimos luchando contra el pecado si Cristo ya nos libertó? Romanos 8:12-13 responde esta pregunta con claridad y esperanza: el tirano fue destronado, pero debe ser hecho morir continuamente, no en nuestras propias fuerzas, sino por el Espíritu que habita en nosotros.
Cuando Dios manda a las esposas a someterse a nosotros, El está poniendo sus vidas a nuestro cuidado.



