Por el Pastor Rafael Alcántara
Introducción: La Importancia de Pensar Profundamente
Un joven violinista soñaba con tocar magistralmente, pero cuenta la historia que practicaba por muchas horas y nunca avanzaba. Su maestro lo observó y le dijo lo siguiente: “Tu problema no es falta de práctica sino falta de atención. Estás tocando demasiado y pensando muy poco.” Le pidió que tocara una sola nota y luego guardara el violín. Después le dijo: “Ahora siéntate y escucha esa nota dentro de ti, refléjala, saborea su belleza, entiende por qué existe en la pieza.” Y el joven descubrió que pensar profundamente en esa música transformó su manera de tocarla. Y hermanos, lo mismo sucede con nuestras vidas cristianas. Muchas veces, oigan bien, muchas veces no avanzamos en nuestra vida cristiana porque no estamos pensando profundamente, y por eso la importancia de la práctica de la meditación.
¿Sabías tú que la Biblia tiene mucho que decirnos acerca de esta práctica? ¿Sabías tú que esta práctica es además necesaria para la madurez cristiana? Te has dado cuenta de que las circunstancias propias de la época dificultan la práctica de la meditación, por lo que es necesario poder batallar para mantener esa práctica en nuestras vidas. Hermanos, todas las personas del mundo meditan de una forma o de otra, y si eso es así de cualquier persona, mucho más debe serlo de un cristiano. Ahora bien, cuando hablamos de meditación, obviamente estamos hablando de meditar cosas que sean agradables a Dios, porque hay cosas en las que uno puede estar meditando que a Dios no le agradan.
Dice el salmo 19:14, el salmista dice: “Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Señor, roca mía y redentor mío.” O sea que tiene que ser un tipo de meditación específico. El puritano Thomas Watson, cuando hablamos de puritanos nos referimos a esos creyentes de Inglaterra mayormente del siglo 17, Dios levantó grandes predicadores en esa época y teólogos, y se les usó el término despectivo puritanos, pero ya nosotros usamos no de esa forma despectiva obviamente. El puritano Thomas Watson define la meditación como un ejercicio santo de la mente donde traemos las verdades de Dios para recordar y ponderar seriamente sobre dichas verdades para aplicarlas a nosotros mismos. Repito: la meditación es un ejercicio santo de la mente donde traemos las verdades de Dios para recordar y ponderamos seriamente sobre dichas verdades para aplicarlas a nosotros mismos.
En esta definición se nos dice que esto es una actividad espiritual que ocurre en la mente y que necesita ser ejercitada, al igual que los músculos, si no son ejercitados se atrofian y se nos hace más difícil trabajar en ellos. O sea que la meditación, hermanos, cuando hablamos de meditación no es vaciar la mente. Porque en ciertos círculos uno se habla de meditar como que tú estás sentado en un sitio y lo que creo que te dicen es “vacía tu mente y piensa en la nada, y pensando en la nada tú te vas a encontrar con algo.” No, no. La meditación bíblica no es pensar en la nada, no es vaciar la mente, es llenar la mente de verdades reveladas o de situaciones particulares que nos lleven a alguna verdad, ¿para qué? para ser recordadas y ponderadas con seriedad y entender cómo aplicarlas a nuestras vidas. ¿Se entiende hasta aquí?
Y nuestro propósito será desarrollar este tema desarrollando la práctica de la meditación respondiendo cuatro preguntas. Lo primero que quiero preguntar y vamos a responder es: ¿de qué cosas debemos meditar con frecuencia? Segundo: ¿por qué se hace difícil la meditación? En tercer lugar: ¿qué beneficios tiene traer la meditación? Y en cuarto lugar: ¿qué cosas nos pueden ayudar a crecer en la meditación? O sea que ese es el tema que yo quiero compartir con ustedes en esta mañana, un sermón temático. Quiero dar crédito aquí a algunos autores como Donald Whitney, Tim Challies, así como los puritanos Thomas Watson y Henry Scougal, cuyos escritos me ayudaron de diferentes maneras cuando preparé este mensaje.
I. ¿De qué cosas debemos meditar con frecuencia?
La primera pregunta, hermanos, que quiero que respondamos en esta mañana es: ¿de qué cosas debemos meditar con frecuencia los cristianos? Y la respuesta a esto es que todas las cosas que ocurren en el mundo y en nuestras vidas deben ser objeto de nuestra meditación. Ahora, hay ciertas cosas, hermanos, que a veces no vienen de forma natural en nuestras vidas como debieran, y por eso es importante que de una forma consciente, o sea, nosotros le hablemos a nuestra mente, ¿para qué? para que se enfoque en pensar en esas cosas. Por ejemplo:
A. Debemos meditar en la persona misma de Dios.
Esto puede parecer muy obvio, pero pregúntate: ¿cuándo fue la última vez que tú pensaste en Dios? ¿Meditaste en Él, en su atributo, en algunos de sus atributos, en algo de su ser? Dice el Salmo 63:6: “Cuando en mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante las vigilias de la noche.” El salmista, cuando no dormía, ¿qué hacía? Meditaba en la persona de Dios. Y los cristianos, hermanos, debemos ser personas que pensemos en Dios, que meditemos en Dios.
Permítame leer esta cita de Spurgeon, que en algún momento se ha leído en el pasado pero que sigue siendo relevante, un poquito larga, dice así: “Aquel que piensa en Dios,” decía Spurgeon, “aquel que piensa en Dios con frecuencia tendrá una mente más grande que el hombre que simplemente camina con pesadez alrededor de este globo estrecho. Quizás se trate de un biólogo que hace alarde de su habilidad para hacer la disección de un escarabajo, estudiar la anatomía de una mosca o clasificar a los insectos y a los animales en grupos que tienen nombres casi imposibles de pronunciar. ¿Se ha tratado de pronunciarlo? Puede ser un geólogo capaz de disertar sobre todos los tipos de animales en extinción. Él puede pensar que independientemente de cuál sea su ciencia su mente se ve ennoblecida y engrandecida, pero me atrevo a decir que así es, pero después de todo llega esto que dice: el estudio más excelente para ensanchar el alma es la ciencia de Cristo y Cristo crucificado y el conocimiento de la Deidad en la gloriosa Trinidad. Sigue diciendo: nada hay que pueda desarrollar tanto el intelecto, nada hay que engrandezca tanto el alma del hombre como la investigación devota, sincera y continua del grandioso tema de la Deidad. Y mientras humilla y ensancha, óyeme bien, este tema es eminentemente consolador. Hoy en la contemplación de Cristo hay un cuento para cada herida, en la meditación sobre el Padre hay descanso para cada aflicción, y en la influencia del Espíritu Santo hay un bálsamo para cada llaga. ¿Quieres librarte de tus penas? ¿Quieres ahogar tus preocupaciones? Entonces ve y lánzate a lo más profundo del mar de la Deidad y piérdete en su inmensidad, y saldrás de allí como cuando te levantas de un lecho de descanso renovado y lleno de vigor. No conozco nada que pueda consolar tanto al alma, que calme las crecientes olas del dolor y la tristeza, que hable de tanta paz a los vientos de la prueba como la devota reflexión sobre el tema de la Deidad.”
Wow, qué cita, y Spurgeon lo dijo cuando tenía 20 años de edad, por cierto, comenzando su ministerio a los 20 años. Entonces, hermano, esto es un tema sumamente práctico, ¿verdad? O sea, cuando hablamos de meditar estamos hablando… hay muchas cosas, “déjame desestresarme, déjame no,” hermano, es que pensar en Dios, pensar en su persona, dice él, eso te va a librar de tus preocupaciones, eso va a ampliar tu mente, eso va a fortalecer tu alma y eso incluye obviamente a Jesucristo. Pablo le dice a Timoteo en 2 Timoteo 2:8: “Acuérdate de Jesucristo.” O sea, hermano, podemos decir que somos cristianos, leer la Biblia, venir a la iglesia y sin embargo no meditar nunca en Jesucristo, o sea, andar en automático en la vida. Y Pablo le dice a Timoteo en 2 Timoteo 2:8: “Acuérdate, Timoteo, de Jesucristo resucitado entre los muertos, descendiente de David conforme a mi evangelio.”
B. Debemos meditar en la palabra de Dios, en la Biblia.
Josué capítulo 1, versículo 8, que dice este texto: “Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche.” ¿Cualquiera dirá? Si Josué tenía mucho tiempo libre, bueno, él no tenía mucho tiempo libre, no, a él le tocó la tarea de entrar con el pueblo y conquistar la tierra prometida, y sin embargo a él le dice: “Meditarás en él, en este libro, día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito.” O sea, no señalo, hermanos, es que si no meditamos podemos estar desobedeciendo mandamiento de Dios. Por eso es que tenemos que meditar en la palabra, porque eso lo mantiene fresco, ¿para qué? para que en el momento específico sepamos qué debemos de obedecer y cómo obedecer.
Salmo 1, del 1 al 2, dice: “Bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su delicia, su deleite, y en su ley medita día y noche.” O sea que eso no es nada más para Josué, eso es para nosotros también.
Salmo 119:148, hermanos, en este sermón vamos a citar más textos de lo usual de lo que yo acostumbro a hacerlo, o sea que me perdonan el agravio en ese sentido, digo si es un agravio, revíselo usted porque es la palabra de Dios, no es problema suyo, pero para que sepa que debe ser un poquito diferente. Salmo 119:148: “Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, ¿para qué? para meditar en tu palabra.” Y hermanos, esa palabra meditada puede venir a través de la lectura de la palabra, cuando usted lee su Biblia, como yo espero que sí, usted es miembro de esta iglesia, eso sea algo, una práctica continua, constante, leer la palabra de Dios.
Eso viene a través de la predicación. Usted está yendo a una prédica, ¿qué debe hacer cuando termine la prédica? ¿Ya se olvidó hasta el domingo? Debe meditar en lo que escuchó. Eso puede venir a través de diferentes situaciones, cosas relacionadas con nosotros mismos, pero que de alguna forma u otra la conectamos con un pasaje de la palabra. El punto aquí, hermanos, es que si no meditamos en la palabra, la misma será de poco provecho para nosotros. Mira, aquí puede predicar un ángel, si usted no medita en la palabra, el maligno va a tomar esa palabra y la va a quitar de su corazón. El mejor sermón que usted haya oído, si usted no la medita, la rumia, el maligno va a tomar esa palabra y la va a quitar de su corazón. Y por eso, hermanos, que nosotros hablamos, insistimos primero que haga su devocional, su tiempo de comunión con el Señor cada día, pero debe haber reflexión en lo que está leyendo.
A veces, hermanos, los pastores hemos hablado de que queremos que usted aproveche lo que se está recibiendo aquí, pero yo pienso, hermanos, que muchas veces si venimos aquí y nos sentamos así abruptamente y estamos con la mente distraída y termina la palabra y se va, hermanos, a veces es bueno sentarse un poquito antes para meditar un poquito y termina la prédica, pensar un poquito en lo que se predicó. Necesitamos ese tiempo de reflexión de lo que oímos o leemos para poder sacarle provecho.
C. Debemos meditar también en las obras de Dios.
El actuar de Dios en su providencia, en el mundo, en la historia de la iglesia. Dice Salmo 77:12: “Meditaré en toda tu obra y reflexionaré en tus hechos.” Salmo 143:5: “Mi acuerdo de los días antiguos, en todas tus obras medito, reflexiono en la obra de tus manos.” Ustedes ven, hermanos, cómo la palabra está llena de textos que hablan de la meditación.
D. Debemos meditar en cómo glorificar a Dios en el contexto de la iglesia.
Pablo dice a Timoteo, 1 Timoteo 4:15: “Reflexiona sobre estas cosas,” o sea, dale mente a cómo tú puedes glorificar a Dios en la iglesia, cómo podemos hacer de este tiempo más provecho para glorificar a Dios. Dedícate a ella para que tu aprovechamiento sea evidente a todos.
E. Aún en cosas negativas debemos meditar bajo una perspectiva bíblica.
Por ejemplo, la maldad de los hombres. Dice el Salmo 39 del 1 al 4, miren este texto: “Yo dije: guardaré mis caminos para no pecar con mi lengua.” O sea, el salmista estaba, “wow, yo estoy entre un mundo malvado, yo voy a cuidarme, yo voy a tener cuidado para no meter la pata con lo que digo, guardaré mi boca como comordaza mientras el impío esté en mi presencia, yo no voy a decir nada.” Pero, ¿qué pasa? Versículo 2: “Enmudecí y callé.” Pero, ¿qué pasa? Se le fue la mano al salmista, guardé silencio aún acerca de, y eso estaba bien, ¿no? ¿Y qué pasó? “Se agravó mi dolor” y ahí estaba el salmista. Pero, ¿qué pasa? Mientras estaba ahí con esa lucha comenzó a meditar y dice: “Ardía mi corazón dentro de mí mientras meditaba, se encendió el fuego, y entonces dije con mi lengua: Señor, hazme saber mi fin y cuál es la medida de mis días para que yo sepa cuán efímero soy.” O sea que la meditación al final hizo que finalmente hablara, ¿y qué? “Y tú, Señor, ayúdame, ayúdame para poder entender lo transitorio que soy y poder ser fiel en esta generación que me ha tocado vivir.” Pero tuvo que meditar, quedó callado y no dijo, y déjame pensar en el juego de pelota, el juego de pelota, ¿eh? No, no, o sea, él estaba pensando en eso y pensando en eso y pensando en la palabra del Señor, entonces trató con su corazón.
Así que, hermanos, cualquier circunstancia particular en tu vida puede y debe ser objeto de meditación. Si estás enfermo, puedes meditar en la fragilidad de la vida. Si estás en necesidad material, puedes meditar en las riquezas en Cristo. Si Dios te ha provisto de bienes, puedes meditar en el engaño de las riquezas y en la importancia de ayudar al que tiene necesidad. O sea que debemos meditar en cualquier circunstancia, cualquier situación.
Hermanos, aunque todos meditamos, decía, de alguna manera u otra, muchas veces no lo hacemos como debiéramos y sobre todo algunas de las cosas que hemos mencionado. Y eso nos lleva a la segunda pregunta, respondimos ya: ¿por qué cosas debemos meditar?
II. ¿Por qué se hace difícil el ejercicio de la meditación?
Segunda pregunta: ¿por qué se hace difícil el ejercicio de la meditación? ¿Por qué se hace difícil? ¿Por qué usted cree que se hace difícil? Miren, hermanos, la meditación es un acto espiritual, hay que entender eso, y todo lo que es espiritual, se opone a la carne. Y si es un acto espiritual que nos va a acercar a Dios y nos va a alejar del pecado, entonces usted puede estar seguro que Satanás y sus demonios harán todo lo posible para que usted no medite. ¿Se entendió? Si la meditación te va a acercar a Dios y alejarte del pecado, ¿qué va a hacer el maligno? Hacer todo lo posible para que usted no lo haga.
Y hay ciertos males de la época que contribuyen a esto que el maligno utiliza para dificultar el ejercicio de la meditación, y algunas tienen que ver, hermanos, que están arraigados hasta en nuestra cultura, que tenemos que luchar con esto. Y hermanos, yo voy a decir algunas de estas cosas, pero son de este tipo de cosas, hermanos, que uno lo dice y lo dice y lo dice y la gente sigue y sigue, porque hay que luchar contra corriente para poder trabajar en estas cosas.
A. La falta de hábito de lectura dificulta el ejercicio de la meditación.
¿Sabía eso? Si usted no tiene hábito de lectura, usted entonces le va a ser difícil meditar como debiera en las cosas que debiera meditar. Si tú te acostumbras a no leer, entonces estarás dejando de desarrollar la mente que Dios te ha dado porque cuando uno lee, porque si usted no lo sabe, usted estimula la mente, pero si usted deja de hacerlo, eso va a producir ¿qué? Pereza mental, que a la vez hará más difícil el desarrollo del hábito de la meditación.
Por supuesto, cuando hablamos de leer cosas que son de provecho, porque hay gente que dice: “No, yo leo, yo leo los paquitos, yo leo los muñequitos y los subtítulos de la película cuando los veo abajo, yo las leo.” No es eso, ¿verdad? Y hermanos, eso es importante para uno como cristiano, sí, para usted como cristiano es importante porque la Biblia misma Dios no se la dejó en audio, ¿verdad que no? Déjame revelarle la palabra ahí con su CD o su… “yo estoy muy atrasado, su podcast” lo que sea, los casetes, ¿quién se acuerda? A mí me hablaban de los casetes cuando yo era… no, hermanos, Dios no dejó la palabra en forma de libro, ¿en forma de libro? ¿Para qué, hermanos? Para que leamos la palabra, ya que el hábito de la palabra, el hábito de leer es importante, ¿verdad que sí?
Por eso, cuando Pablo estaba preso en Roma, a pesar de que le quedaba poco tiempo de vida, tenía más de 60 años de edad, le dice a Timoteo: “Mira, cuando venga a visitarme tráeme la capa,” porque entraba el invierno, iba a tener mucho frío, “pero tráeme también ¿qué? Los libros,” mayormente los pergaminos. Ven acá, usted ya mayor le queda poco tiempo de vida, usted ni ropa tiene, está buscando una ropa para poder guardarse del invierno, y en medio de todo eso usted está pidiendo que le traigan el libro, ¿sí? ¿Sí? Porque él quería aprovechar hasta el último momento todas las cosas que fuesen provechosas para su mente y por lo tanto que le iban a ayudar a su vida espiritual. Por eso la práctica de la lectura, hermanos, ayuda y estimula la meditación.
Pero tenemos problemas con eso, ¿verdad? El día de hoy porque ahora no, no estamos en una época que lucha en contra de este tipo de cosas. Decía Al Mohler que ya parece que en este mundo ya nadie está leyendo, y le decía a un grupo, a los líderes: “Líder, usted tiene que leer, leer, leer, aunque parezca que eres tú el único en el mundo que queda leyendo.” Y también decía: “Tú nunca vas a poder leer todas las cosas buenas que hay en el mundo, ¿qué debo hacer? Sigue leyendo, sigue leyendo, sigue leyendo, no descuides eso.”
B. Las dificultades de la tecnología dificultan el ejercicio de la meditación.
¿Sí o no? La tecnología ha traído enormes progresos a la humanidad y nosotros como creyentes y como iglesia nos hemos beneficiado y nos seguiremos beneficiando de eso. Sin embargo, la tecnología, así como trae sus cosas buenas, trae cosas que si no se saben usar adecuadamente pueden resultar problemáticas para el creyente, como lo es una falta de incentivo a la meditación.
Piensen en algunas cosas, por ejemplo, el desarrollo de las imágenes que tiene la tecnología. Dice Tim Challies en su libro La próxima historia lo siguiente: “Después de la invención de la televisión, el mundo rápidamente hizo una transición de una cultura, oigan esto, orientada de la página impresa a una cultura orientada o basada en la imagen.” Esa es la sociedad de hoy. Antes las personas creían lo que leían, “Ah, pues yo lo leí, yo sé eso porque yo lo leí.” Ahora solo creen lo que ven. Las imágenes comunican de una manera muy diferente a las palabras. El impacto inicial de una imagen no es tanto un pensamiento sino un sentimiento. O sea, usted no tiene que pensar mucho para una imagen. Una imagen es procesada en un instante en nuestra mente, mientras que las palabras toman tiempo y secuencia. Por eso la imagen influye más en sentimiento. Y el desarrollo de las imágenes es mucho más agresivo ahora en el mundo virtual, de modo que hasta en una misma pantalla usted puede poner varias cosas, ¿verdad? Hasta varios canales de películas en la misma pantalla, dos o tres. Entonces la web, los mensajes, o sea, uno está en ese sentido saturado de imágenes.
También la abundancia de la información no ayuda a la meditación. Y lo sorprendente, hermanos, es que la abundancia de la información que hay hoy, hermanos, nunca en la historia había habido tanta abundancia de información tan accesible para el mundo. Sin embargo, ¿qué es lo que ha crecido, hermano, en el mundo y qué es lo que ha crecido en la iglesia? Ha crecido la superficialidad en el conocimiento. O sea, ahora hay más información y somos más superficiales. Eso no es así, eso es así aquí y eso es así afuera. O sea, tenemos más cosas a las manos y sin embargo sabemos menos cosas, entendemos menos cosas.
¿Por qué? Tenemos toda esa información pero no sacamos el tiempo, ¿para qué? Para procesarla en nuestras mentes y corazones. Es tanta información y tan fácilmente que también no la valoramos. Mira, ahí está, gratis, bájalo, que eso está a 99 centavos, tú lo bajas, pero ¿qué pasa? Que está ahí y está ahí y tú ni te acuerdas que está ahí. ¿A usted no le ha pasado que a veces en kindle te compró algo y no ha pasado, verdad? Un año después, “Ay, mire, salió, déjame comprarlo,” pero usted lo compró el año pasado. ¿Le ha pasado a alguien aquí? No, pues yo sentí mal de nada.
Entonces, ¿qué pasa, hermanos? Que tenemos abundancia de información pero no la procesamos, no la utilizamos. También está el tiempo que le dedicamos a cosas superficiales que no son tan prioritarias, dificultan la práctica de la meditación.
O sea que, ¿qué hemos visto hasta ahora, hermanos? ¿De qué cosas debemos meditar y por qué se hace difícil la meditación al día de hoy?
III. ¿Cuáles son los beneficios de la meditación?
Ahora, hermanos, yo quiero poner en tu mente, aunque de alguna forma u otra lo hemos dicho, pero yo quiero poner en tu mente de una manera más específica, más directa: ¿por qué es importante la meditación? O sea, ¿cuáles son los beneficios que tiene para un creyente? ¿Cuáles son los beneficios? Y aquí voy a estar siguiendo muy de cerca a Donald Whitney, que por cierto recomiendo mucho su libro Disciplinas espirituales para la vida cristiana. Hermanos, ese libro es maravilloso, yo lo recomiendo de corazón.
A. La meditación hará que la palabra de Dios sea de mayor provecho, produciendo cambios en nuestras vidas.
Por un lado, dice Donald Whitney, la meditación, lo digo yo, ¿verdad? basándome en Donald Whitney, hará que la palabra de Dios a la que nos hemos expuesto sea de mayor provecho, produciendo cambios en nuestras vidas. Ya lo dijimos: la meditación hará que a la palabra que nos hemos expuesto sea de mayor provecho, produciendo cambios en nuestras vidas, incluyendo una correcta perspectiva de las cosas.
Miren lo que dice el Salmo 119:59: “Consideré mis caminos y volví mis pies a tus testimonios.” O sea, el salmista estaba en un momento dado haciendo algunas cosas, pero ¿qué pasa? No había reflexionado en eso, estaba caminando y de repente comenzó a pensar: “Esto lo estoy haciendo así, así.” ¿Y qué pasó cuando comenzó a meditarlo? Algo de la palabra que se dio cuenta que alguna de esas cosas no la estaba haciendo conforme a la voluntad de Dios, porque eso es lo que hace la meditación: nos pone a pensar. A veces estamos automáticos y hacemos la cosa porque otros la hacen, porque todo el mundo la hace, pero ¿qué pasa? Cuando usted le da la mente y comienza a relacionar eso con la, ¿cómo se conecta esto con la palabra? ¿Cómo yo justifico eso? ¿Qué pasa? Que usted se puede dar cuenta de que no, pero esto no es así. ¿Y qué dice? “Consideré mi camino y volví mis pasos,” o sea, me devolví, “No es por ahí, es por aquí.” Pero para eso usted tiene que considerar, tiene que meditar, no puede estar a 24 horas con una cosa pegada en los oídos, tiene que sentir el silencio, ¿para qué? Para poder reflexionar en eso.
¿Te acuerdan Zacarías, el padre de Juan el Bautista, cuando el ángel se le apareció diciendo que su mujer Elizabeth iba a estar embarazada? ¿Qué pasó? Que Zacarías no creyó la palabra del ángel, ¿y qué dijo? Que él le vino como castigo, que se quedó mudo, y él mira: “Tú vas a quedar mudo hasta que se cumpla la palabra de Dios.” ¿Por qué? Porque fuiste, porque fue incrédulo a eso. Ahora, hermanos, piensen en eso: de repente una gente normal que está sirviendo en el templo, ¿no cree en la palabra del ángel? Resulta que va a estar nueve meses sin hablar, mudo. Imagínense, hermanos, ¿qué pasó? En una época, ¿verdad? Que no había muchas cosas visuales. Yo estoy seguro, hermanos, que Zacarías tuvo mucho tiempo para meditar, y cuando Elizabeth dio a luz, entonces Zacarías, ¿qué sucedió? Que no tuvieron incumplir la directriz de Dios a través del ángel, ¿y cuál fue el resultado? Lucas 1:64: “Al instante le fue abierta su boca y soltó su lengua y comenzó a hablar dando alabanzas a Dios.” O sea, Dios lo puso por nueve meses para que no pudiera comunicarse con nadie, para que tuviera ese tiempo de meditación, hasta que finalmente Dios cumplió su palabra, le fue abierta su boca y comenzó a alabar al Señor.
Dice Alex Montoya: “El descuido del arte de la meditación nos ha robado este ingrediente necesario en el estudio y la asimilación de la palabra de Dios. Meditar es el acto de la aplicación personal. La introspección personal y la aplicación de la palabra son los más grandes descubrimientos que nos ayudan a saber quiénes realmente somos. Aprendemos más acerca de la humanidad por el estudio de uno mismo que por cualquier otro libro escrito sobre este tema.” O sea que debemos meditar, hermanos, para que la palabra de Dios sea provechosa.
B. La meditación despertará nuestros afectos.
Número dos: debemos meditar también porque la meditación, hermanos, despertará nuestros afectos. Despertará nuestros afectos, y esto es algo con lo que yo he estado luchando mucho últimamente y he visto que parte tiene que ver con eso, porque tengo que crecer en el tema de la meditación para que puedan mis afectos por Dios ser despertados.
Dice el Salmo 119:97: “¿Cuánto amo yo tu ley?” Y qué sigue diciendo: “Todo el día es ella mi meditación.” No diga que usted ama la palabra si no medita en ella, porque usted ama en aquello que piensa, ¿sí o no? Si no piensa en eso, no lo ama, o no lo ama como debiera.
Decía Thomas Watson, el puritano: “La razón por la que nuestros afectos son tan fríos a las cosas celestiales es porque no lo calentamos con el fuego de la santa meditación.” Y hermanos, cuando los afectos son despertados, ¿qué sucede? Que somos movidos a adorar a Dios, una adoración, mis hermanos, que puede estar en nuestros corazones, que puede expresarse, pero no siempre tiene que expresarse. Puede que la tengamos por dentro sin ni siquiera expresarlo en nuestros labios, como dice Sofonías 1:8: “Calla delante del Señor Dios, porque el día del Señor está cerca, porque el Señor ha preparado un sacrificio, ha consagrado a sus invitados.” La meditación, hermanos, encenderá nuestros afectos por el Señor.
C. La meditación nos ayudará a escuchar mejor la voz de Dios y así conocer su voluntad.
Número 3, que importante es esta, hermano, la número 3, igual que la 1 y la 2 y la 4 y toda la que yo diga, pero quiero enfatizar esto: la meditación, cuando sacamos tiempo para meditar, podremos escuchar mejor la voz de Dios y así conocer su voluntad. Podremos escuchar mejor la voz de Dios.
Ustedes recuerdan cuando Elías tuvo que salir huyendo de Jezabel y estaba agitado. Dice en 1 Reyes capítulo 19, perdón, versículo 11: “Entonces el Señor le dijo: sal y ponte en el monte delante del Señor.” Recuerden, él está agitado, tuvo que salir huyendo porque le iban a matar, y en medio de su agitación dice: “En ese momento el Señor pasaba y un grande y poderoso viento destrozaba los montes y creaba las peñas delante del Señor, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego,” “el susurro de una brisa apacible.” ¿Cómo suena esa brisa apacible? ¿Y qué pasa, hermano? Que el Señor estaba ahí, y ahí trató el Señor con Elías.
Y mi punto, hermano, de traer este texto es que nosotros debemos hacer el esfuerzo por sacar tiempo, de tener la menor cantidad de ruido posible, ¿para qué? Para poder escuchar mejor la voz de Dios, mejor la voz de Dios. Por eso es que cuando se está predicando, ¿qué se espera? Que estemos en silencio, que usted trate de poner, como dice, su celular en vibración o que lo pueda apagar, que no haya nada que lo distraiga, que si es posible vaya al baño antes de él, a menos que haya una necesidad, sobre todo con los hijos, para que no haya nada dentro de lo posible, ¿verdad? Para que no traiga ninguna distracción y usted pueda oír la voz de Dios, porque usted no sabe, hermano, que Dios puede estar diciendo algo impactante y usted no lo oyó, ¿por qué? Porque se paró ahí al baño en ese momento o pasó cualquier otra cosa.
O sea, nosotros debemos hacer el esfuerzo por eso. Y cuando hablamos de escuchar la voz de Dios, nosotros debemos entender, hermanos, que Dios también pone pensamientos, impresiones y hay movimientos subjetivos del espíritu que Dios puede estar queriéndote poner algo en la mente. Claro, son cosas que deben ser avaladas por la palabra, pero ¿qué pasa si usted está en la agitación? Usted no va a tener tiempo para ninguna de esas cosas, no va a escuchar bien la voz de Dios.
D. La meditación nos ayuda a manifestar nuestra dependencia de Dios.
Número cuatro: es importante meditar porque la meditación nos ayuda a manifestar nuestra dependencia de Dios. Nos ayuda a manifestar nuestra dependencia de Dios. Salmos 62, del 1 al 2 y 5 al 6, dice: “En Dios solamente espera en silencio mi alma, de él viene mi salvación. Solo él es mi roca y mi salvación, mi baluarte, nunca seré sacudido.” Versículo 5: “Alma mía, espera ¿en qué? En silencio, no en agitación, no hablando mucho, en silencio solamente en Dios, pues de él viene, ¿qué? Mi esperanza. Solo él es mi roca y mi salvación, mi refugio, nunca seré sacudido.” La meditación nos ayuda a manifestar nuestra dependencia de Dios.
E. La meditación nos ayudará a tener más control de lo que hablamos.
Y finalmente, la meditación nos ayudará, hermanos, aprenderemos a través de la meditación a tener más control de lo que hablamos. Mientras más usted crezca en meditación, usted va a tener más control con lo que dice. “Va a metérmelo la pata,” en otra palabra, “metérmelo la pata,” yo estoy en otro país, es eso mismo, “metérmelo la pata,” no sé cómo decirlo, se va a equivocar menos.
Lo que quiero decir, a veces yo he escuchado comentarios con los dominicanos, a veces no se lo entiende porque usa muchas expresiones, a veces uno no sabe. Para poder meditar adecuadamente necesitamos estar en silencio, y cuando estamos en silencio estamos ejerciendo control, ¿sobre qué? Sobre nuestra lengua, ¿sí o no? Dice Eclesiastés 3:7 que hay tiempo para hablar y tiempo para callar. Cuando meditamos, hermanos, estamos en tiempo para callar.
O sea que, hermanos, ¿qué hemos visto hasta ahora? Hemos visto en qué cosas debemos meditar, por qué se dificulta meditar y por qué es importante meditar.
IV. ¿Qué cosas nos pueden ayudar en el ejercicio de la meditación?
Finalmente, hermanos, ¿qué cosas nos pueden ayudar en el ejercicio de la meditación? ¿Qué cosas nos pueden ayudar? Bueno, hay muchas cosas, pero podemos decir, hermanos, que:
A. Considera la meditación como un deber espiritual.
Lo primero es que usted tiene que entender, óyeme bien, usted tiene que entender que aquí no estamos hablando de algo que sea opcional para un cristiano. Usted tiene que ver la meditación como un deber espiritual, ¿se entendió? O sea, así como hay que leer la Biblia, hay que orar, no se puede decir mentira. O sea, la Biblia nos manda, ¿qué? A que meditemos. Considera la meditación como un deber espiritual.
Santiago 4:4 dice: “Temblad y no pequéis, meditad en vuestro corazón sobre vuestro lecho y callad.” Santiago dice eso: “Medita sobre tu lecho y calla.” Ageo 1:5: “Meditad bien sobre vuestros caminos,” dice Jehová de los ejércitos. O sea que mira, la meditación como un deber espiritual. Si tú no lo habías visto antes, míralo como algo importante para tu alma.
B. Usa la tecnología como un aliado para la meditación.
Número dos: usa la tecnología como un aliado para la meditación. La tecnología no es para demonizarla. Es una herramienta que lo puede usar para bien o para mal. Úsala como un aliado para la meditación. Claro, hermano, tenemos todos que tener cuidado con el tiempo que le dedicamos a la tecnología, a cosas triviales o de poca importancia. Úsala para incentivar la meditación, y en ese sentido, hermano, la tecnología es una gran bendición.
Yo me acuerdo cuando yo me convertí, hermano, miren, cuando yo me convertí yo era muy jovencito, no trabajaba, y mi papá acostumbraba a dar una mesada semanal para yo usarla para comprar en el colegio, en los recreos, y esa era mi mesada que me daba mi papá semanal. Pero hermano, yo tenía tanto deseo de conocer al Señor que adivinen qué yo hacía con la mesada: yo la cogía, iba a la librería y me compraba algunos libros. O sea que usted pasaba hambre a los recreos, no, yo no pasaba hambre, como en los recreos se armaba unos líos, la gente peleaba y no reguló, las mujeres no les gustaba hacer filas, y había una compañera mía que siempre llevaba mucho dinero y adivinen qué yo hice: me ofrecía hacerle la fila, y ustedes creen que fue de gratis eso, ahí yo le compraba su turco y mi turco con el dinero. Bella, aquí sabe lo que era el turco, no le digan a nadie, hermano, esto que estoy diciendo.
Y sin embargo, el día de hoy, 99 centavos de dólar, libros van, libros vienen, cosas, hermano, es una bendición estar en esta época, pero realmente en ese sentido, pero vamos a aprovechar cosas que nos ayuden a reflexionar. Si tú usas las redes, dale seguimiento a páginas que tú sabes que te pondrán pensamientos e ideas edificantes con las que tú podrás meditar, y algunos momentos cuando sea necesario, si te es posible, también haz algunos ejercicios y pon de lado la tecnología porque no es necesario tener el radio prendido todo el tiempo en el carro. Allí en el carro toma unos minutos para orar y también para meditar, como decíamos tal vez al inicio del culto, al final del culto, en algunos momentos que tú puedas, aprovéchalo para meditar.
C. Saca de forma consciente tiempos de soledad para la meditación.
Y conectado con eso, número tres: saca de forma consciente tiempos de soledad para la meditación. Que decía Jesucristo que se apartaba muchas veces, aún en medio de muchas cosas, se apartaba para orar. Dice Donald Whitney: “Para ser como Jesús, nosotros debemos disciplinarnos a nosotros mismos para encontrar momentos de silencio, entonces podremos encontrar fortaleza espiritual a través de esta disciplina, como hizo Jesús.”
Se narra de Jonathan Edwards que fue el más grande teólogo de todos los tiempos. Él se casó con una mujer que también era muy piadosa, que era Sarah Edwards, y él cuando la conoció tenía como 13 años de edad, si mal no recuerdo, por cierto muy chiquita para verla, cualquier cosa, pero aún en esa edad era una muchacha sumamente piadosa. Y dice él narrándola, viéndola a ella siendo una niña de 13 o 14 años: “Jonathan Edwards acerca de Sarah, su futura esposa: ella raramente se preocupaba por alguna cosa excepto por meditar en Dios. Ella amaba estar sola, caminar por los campos y los bosques, y hagan esto que hermoso, y parecía tener a alguien invisible conversando con ella.”
Esa era Sarah Edwards, y tal vez, hermano, porque hay que ser realista, tú no puedes irte para un desierto, ¿verdad? Nosotros no vivimos en un campo, vivimos en una ciudad, y ¿en qué ciudad vivimos? ¿Verdad? Santo Domingo. O sea que quizás tú no te puedas ir a un desierto, tú no te puedes ir a un lugar solo, tienes que tener cuidado porque hay un tema de seguridad, ¿verdad? Tú no quieres que te den un palo o te asalten. Tal vez tú te vas a encontrar esos momentos en tu propia casa, y hay que buscar la forma. Tal vez la madre que trabaja desde el hogar pueda encontrar los momentos así después que el marido sale al trabajo y los hijos al colegio. Tal vez el esposo lo haga después que los demás se han acostado, pero al final posiblemente haya que hacerlo con personas alrededor porque la realidad de cada quien es distinta y hay cosas que escapan de uno.
Y hermanos, en ese sentido, lo importante es hacerlo, porque lo excelente a veces es enemigo de lo bueno, también es el refrán. Yo quisiera ir como Sarah Edwards, irme por los campos, pero para irte para el campo te queda lejos de aquí, tú tienes cosas que hacer, pero, pero, pero a veces se puede sacar ese momento y decirle a la familia: “Miren, denme 10 minutos, por favor, para estar solos,” si es posible. Y hermanos, en esto también nosotros como familia debemos darnos apoyo, porque a veces los hombres podemos ser muy cómodos haciéndolo, pero entonces la esposa tiene que hacer esto, aquello, los muchachos no, no. Si usted quiere que su esposa crezca espiritualmente, entonces sea de apoyo para ella y coja a los niños por un rato para que ya tenga ese tiempo sola de comunión con el Señor y de meditación. Eso, hermanos, le dará bien a su alma y a usted también le va a beneficiar, yo se lo aseguro.
Lo importante es que te dispongas con regularidad para hacer, tomar tiempo así, tal vez lo que puede ser 5 minutos es mejor 5 minutos, no tener nada, pero hermanos, la práctica de la meditación le va a hacer bien a tu alma. Ese es mi punto. Le va a hacer bien a tu alma.
En esos momentos de soledad que apartas para leer la escritura, también sacar un momento para meditarte será de bendición. Y en ese sentido, hermanos, también les digo algo que también yo tuve que aplicarlo un momento dado, y es que a veces es mejor leer un poco menos con tal de tener un tiempo de meditación. Fíjense, yo no estoy diciendo que no lean, hay que leer, pero hay que sacar un rato, ¿para qué? ¿Para qué? Para meditar, aprovechar esa parte del tiempo cuando estás esperando para una cita o cuando estás en un tapón, cuando estás enfermo, cuando no logras conciliar el sueño. Dice el Salmo 119:148: “Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, ¿para qué? Para meditar en tu palabra.” Aprovecha, mi hermano, estos momentos no sólo para cosas tan importantes como la oración y la lectura de la palabra o de otros libros, sino para meditar, y así podrás darle uso a este medio de la gracia para la gloria de Dios y para el bien de tu alma.
Conclusión y Aplicación
Y hermanos, para concluir, yo quiero decir lo siguiente, porque aquí pueden haber personas o alguien que escuche este mensaje que tal vez no conoce a Jesucristo como Señor y Salvador y puede decir: “Y eso, oye, vine aquí a oírte la meditación, eso tiene que ver conmigo.” Y yo quiero decirte que eso tiene mucho que ver contigo, ya que en algún grado es necesario que tú reflexiones y medites en la palabra de Dios para que la misma produzca actividad eterna, porque la palabra de Dios tiene que ser oída y tiene que ser entendida para poder ser recibida en el corazón, y para eso hay que reflexionar.
Dice Isaías 30:15: “Porque así ha dicho el Señor, el Dios, el Señor Dios, el Santo de Israel: en arrepentimiento y en reposo seréis salvos, en quietud y en confianza está vuestro poder.” Pero no quisiste. Y aunque el pasaje habla de un contexto muy particular del pueblo de Israel, el principio es la necesidad que tiene de reflexionar en tu situación, ¿para qué? Para buscar el arrepentimiento.
Dirá Dios de ti también que no quisiste, y es posible que esa palabra no haya cabido en tu corazón porque mientras se te está diciendo la palabra tú estás distraído con muchas cosas, tú estás pendiente del celular, estás pendiente de que tiene que ser esto, lo otro, cuando va a terminar ese hombre de hablar tanto. Si no meditas la palabra de Dios se va a ahogar, pero amigo, la dura realidad será que si no has recibido a Jesucristo como tu Señor y Salvador, cuando mueras ya no habrá televisiones, ya no habrá teléfonos inteligentes, ni habrá tabletas electrónicas, ni habrá videojuegos en lo que puedas distraerte. Solo quedará esperar el juicio de Dios y el veredicto de condenación eterna si no te arrepientes hoy.
Por eso te exhorto a que por un momento tú quites de tus ojos, de tus oídos y de tus pensamientos todo aquello que te pueda estar distrayendo y que reconozcas que eres un pecador, que estás bajo la ira de Dios, y que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores. Cree en Cristo, arrepiéntete de tus pecados, clama por misericordia, que Dios te promete salvación.
Y mis hermanos, hoy tendremos la cena del Señor, por lo cual les animo a que participemos de la misma en una actitud de reflexión, de meditación, recordando cómo este sacrificio de Jesucristo fue necesario para limpiar nuestros pecados, trayendo al Señor cualquier falta que tú no hayas confesado para que, a mí mismo de tu asiento, tú te arrepientas y le pidas perdón al Señor y tengas el compromiso de abandonarlo y vengas y participes de la cena del Señor, recordando que algún día todo se gozará cuando el Señor mismo venga por su pueblo. ¡Qué glorioso será aquel día, hermanos! Lo esperamos. Ven, Señor Jesús. Amén.


Leave a Reply