No Me Avergüenzo del Evangelio

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Devocionales

Texto bíblico: «Cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre» (Marcos 8:38)

Unirse a una iglesia no es solo un paso administrativo, es una declaración espiritual. Dices públicamente: «Pertenezco a Jesucristo y quiero ser contado entre su pueblo.» Es una declaración pública de que no te avergüenzas de Jesucristo ni de su pueblo.

Seguir a Cristo requiere identificación pública, no una fe secreta ni una convicción privada sin consecuencias visibles. El discípulo verdadero no se avergüenza de su maestro. El Señor Jesús, que tenía la adoración de los ángeles y la comunión con el Padre, no se avergonzó de hacerse hombre y sufrir la muerte de cruz. Si Él se identificó con nosotros a tal costo, ¿cómo vamos a rehusarnos a identificarnos con Él?

La primera expresión pública de fe interna, después del arrepentimiento y la fe, es el bautismo. En la práctica apostólica, la fe conducía al bautismo, y el bautismo marcaba la entrada visible en la iglesia. El bautismo simboliza nuestra unión con Cristo en su muerte y resurrección, y también apunta a que pertenecemos al cuerpo de Cristo.

Aplicaciones prácticas:

  • Si te has arrepentido y creído en Cristo pero no te has bautizado, considera dar ese primer paso de obediencia pública.
  • Evalúa si vives tu fe de manera visible o si la mantienes como algo privado.

Preguntas de reflexión:

  • ¿Estoy viviendo mi fe de manera que otros puedan ver mi identificación con Cristo?
  • ¿Qué me impide expresar públicamente mi compromiso con Jesucristo y su pueblo?

Oración sugerida: Padre, así como Jesús no se avergonzó de identificarse conmigo, ayúdame a no avergonzarme de identificarme públicamente con Él y con su pueblo. Dame valor para dar los pasos de obediencia que aún me faltan. Amén.

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