Texto bíblico: Mateo 28:19 – «Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.»
Reflexión devocional
El mandamiento no dice «el nombre de Dios» en abstracto, sino «el nombre del SEÑOR tu Dios». Esa segunda persona singular lo hace todo personal. Estás en una relación con Él, y esa relación eleva tu responsabilidad, porque cuanto más cercana es la relación, mayor es la obligación de honrar el nombre del otro.
En el bautismo, el Padre puso Su nombre sobre ti como un marido da su apellido a su esposa. Esto no es una fórmula ritual sino una declaración de pertenencia y responsabilidad. Su reputación está en juego en tu vida. Cada momento de tu vida declara al mundo qué clase de Dios te salvó.
Como dice Ligon Duncan, cuando un padre envía a su hijo al mundo llevando su apellido, la reputación del padre está en juego en la conducta del hijo. La manera en que vives, trabajas, hablas y te relacionas declara al mundo qué clase de Padre celestial te crió. La pregunta fundamental es: «¿Amas a Dios lo suficiente como para que te importe cómo es tratado Su nombre?»
Aplicación práctica
- Considera cómo tu conducta en el trabajo, en casa y en la comunidad refleja el carácter de Dios cuyo nombre llevas.
- Antes de tomar decisiones importantes, pregúntate: «¿Esta acción honra el nombre de mi Padre celestial?»
Preguntas de reflexión
- ¿En qué áreas específicas de tu vida necesitas ser más consciente de que llevas el nombre de Dios?
- ¿Cómo cambia tu perspectiva sobre las decisiones diarias saber que la reputación de Dios está en juego en tu conducta?
Oración sugerida
Padre celestial, gracias por el privilegio de llevar Tu nombre. Perdóname por las veces que he deshonrado Tu reputación con mi conducta. Ayúdame a vivir de manera consistente con el nombre sagrado que llevo, para que otros vean Tu gloria a través de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.


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