«Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios. No harás en él trabajo alguno, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. Por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó.» (Éxodo 20:8-11)
Introducción
Los pastores de la iglesia nos encontramos exponiendo una serie de sermones acerca de los 10 Mandamientos. Estos mandamientos fueron escritos en el contexto de la celebración del pacto de Dios con Israel, conocido como el Antiguo Pacto, en el monte Sinaí. Ya no estamos bajo ese Antiguo Pacto, en vista de que, por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo entramos en un Nuevo Pacto.
Y bajo este Nuevo Pacto, la legislación mosaica debe ser vista a través de los lentes del evangelio de Jesucristo. Y como dice DeRouchie, cuando examinamos esos mandamientos con dichos lentes, veremos que hay elementos de estos que permanecen iguales, otros que son abrogados, otros que son ampliados y otros que son transformados.
Luego de haber considerado los 3 primeros mandamientos, en el día de hoy nos corresponde estudiar el Cuarto Mandamiento que acabamos de leer. Y mi propósito será demostrar que dicho mandamiento, tal como está estipulado en el Decálogo, tuvo su cumplimiento en Cristo, aunque el mismo tiene principios que siguen vigentes hoy.
Y debemos reconocer estamos ante el mandamiento más controversial del Decálogo, objeto de muchos debates hasta hoy en día, aun entre creyentes de sana doctrina. Por tal razón, les pido que presten mucha atención a cada cosa que van a escuchar, recordando que las convicciones con respecto a este tema no descalifican a los hermanos que piensen diferentes a nosotros, a los cuales respetamos y aun valoramos la amistad y comunión que tenemos en Cristo.
Y pienso que la mejor forma de estudiar este mandamiento, es verlo en la manera que ha sido revelado en la Historia de la Redención, bajo los siguientes encabezados: I-El Día de Reposo antes del Antiguo Pacto; II-El Día de Reposo en el Antiguo Pacto; III-El Día de Reposo en el Nuevo Pacto. Veamos en primer lugar:
I — El Día de Reposo antes del Antiguo Pacto
La primera mención del día de reposo, y que es señalado en Éxodo 20, la tenemos en Génesis 2:2-3. Luego de la narración de la creación del universo en 6 días, dice el texto:
«En el séptimo día ya Dios había completado la obra que había estado haciendo, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho.» (Génesis 2:2-3)
Es importante aclarar que aquí se está usando un lenguaje humano para referirse a Dios, ya que Él no necesita literalmente reposar de la creación como si se hubiera cansado. Y, a pesar de que concluyó la obra de la creación en el sexto día, Dios siempre se ha mantenido activo en el universo.
Como les dijo Cristo a los judíos en Juan 5:16-17:
«A causa de esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Pero Jesús les respondió: ‘Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo’.» (Juan 5:16-17)
En otras palabras, el cese de la obra creadora no implicó para Dios un cese de su gobierno de la providencia y de la redención.
Dicho descanso divino (expresado en términos humanos), funcionaría como una tipología o representación de una verdad más profunda según veremos más adelante. Ahora bien, esto que sucedió en Génesis 1, sí nos dice algo acerca de cómo el Señor creó este mundo en ciclos de tiempo semanales, con un ritmo natural de trabajo y descanso.
«La semana de la creación… estableció un patrón permanente para el ritmo de la vida humana en todo el planeta. Dios… nos programó para tener un desarrollo óptimo bajo el patrón de trabajo y descanso que refleja sus propias actividades creativas… La humanidad siempre ha marcado el paso del tiempo en unidades de siete días, y es obvio que este patrón empezó con la creación.» — John MacArthur
Sin embargo, no existe ninguna evidencia bíblica ni histórica de que esto implicara el establecimiento de un día de reposo de connotaciones religiosas que debiese ser obedecido por el hombre en toda esta etapa de la historia. Desde Adán hasta Moisés no aparece ningún mandamiento ni ejemplo de esto. La primera mención de guardar el día de reposo la encontramos muchos siglos después, cuando el pueblo de Israel salió de la tierra de Egipto.
Y eso nos lleva a nuestro segundo encabezado:
II — El Día de Reposo en el Antiguo Pacto
Poco antes de que el pueblo de Israel llegara al monte Sinaí a recibir los mandamientos del Señor, en Éxodo 16:13-30, Moisés le indica al pueblo que, para la recogida del Maná y las codornices con el propósito alimentarse, debían recogerlos cada día, y no guardar nada para el día siguiente, con excepción del sexto día que debían de recoger el doble para no tener que recoger el séptimo, ya que ese día no iba a caer maná ni codornices.
Aquí nos encontramos con la primera referencia de que los judíos cesaran sus labores el séptimo día por ser Día de Reposo. Los que quisieron guardar alimentos para más de un día de lo recogido del primero al quinto día, se les pudrió. Pero el sexto día sí podían recoger el doble de alimentos, y no se iba a dañar lo que se guardara para el séptimo día. Pero algunos quisieron recoger el séptimo día, y encontraron nada.
Por eso el Señor le dijo a Moisés en Éxodo 16:28-30:
«‘¿Hasta cuándo se negarán ustedes a guardar Mis mandamientos y Mis leyes? Miren que el Señor les ha dado el día de reposo. Por eso el sexto día les da pan para dos días. Quédese cada uno en su lugar, y que nadie salga de su lugar el séptimo día’. Y el pueblo reposó el séptimo día.» (Éxodo 16:28-30)
Noten que la violación al mandamiento de parte de algunos solo provocó una reprimenda de parte de Dios. Pero más adelante, cualquier violación a dicho mandamiento, implicaría la pena capital. De modo que, esto que sucedió en Éxodo 16, era una preparación para el establecimiento posterior del día de reposo como parte de la legislación mosaica.
Que el día de reposo como obligación para el hombre inició en este contexto, parece estar confirmado por la oración que aparece, siglos después en Nehemías 9:14-15:
«Luego bajaste sobre el monte Sinaí, Y desde el cielo hablaste con ellos; Les diste ordenanzas justas y leyes verdaderas, Estatutos y mandamientos buenos. Les hiciste conocer Tu santo día de reposo, Y les entregaste mandamientos, estatutos y la ley Por medio de Tu siervo Moisés.» (Nehemías 9:13-14)
Y es que, si bien podemos extraer principios de dicho mandamiento, como lo es la importancia del descanso (y que veremos más adelante), el mismo, tal como está escrito en el Decálogo, no puede ser considerado en sí mismo como un mandamiento moral, ya que, si así lo fuera, obligara a todos los seres humanos del mundo desde el inicio mismo de la creación.
Pero, como dijimos en el punto anterior, en toda la historia bíblica, desde Adán hasta Moisés, no encontramos ningún mandato ni ejemplo a guardar el día de reposo. Además, si el día de reposo en Éxodo 20 fuera un asunto moral, estaríamos implicando que el mismo habría estado en la conciencia de cada ser humano, como sí sucede con otros mandamientos.
«La investigación científica no ha descubierto nada que indique una especie de sábado de la creación que todos los hombres hubieran conocido, de haber reflexionado a fondo acerca de ello.» — Douma (teólogo holandés)
Por esa razón es que no aparece en todo el Antiguo Testamento ninguna condena a los gentiles por violentar el cuarto mandamiento, mientras que sí aparecen condenas por ellos violentar los demás.
Pero a diferencia de los gentiles, en el caso del pueblo de Israel, una vez codificado el Día de Reposo como parte del Decálogo, el mismo debía de ser observado de forma tan estricta, que la violación al mismo acarrearía la pena de muerte como ya mencionamos. Y es que, el Día de Reposo se convertiría en la señal del pacto de Dios con Israel, así como la circuncisión fue la señal del pacto de Dios con Abraham y su descendencia física.
Dice Éxodo 31:12-17:
«El Señor habló a Moisés y le dijo: ‘Habla, pues, tú a los israelitas y diles: «De cierto guardarán Mis días de reposo, porque esto es una señal entre Yo y ustedes por todas sus generaciones, a fin de que sepan que Yo soy el Señor que los santifico. Por tanto, han de guardar el día de reposo porque es santo para ustedes. Todo el que lo profane ciertamente morirá. Porque cualquiera que haga obra alguna en él, esa persona será cortada de entre su pueblo. Durante seis días se trabajará, pero el séptimo día será día de completo reposo, santo al Señor. Cualquiera que haga obra alguna en el día de reposo ciertamente morirá. Los israelitas guardarán, pues, el día de reposo, celebrándolo por todas sus generaciones como pacto perpetuo. Es una señal entre Yo y los israelitas para siempre. Pues en seis días el Señor hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó».» (Éxodo 31:12-17)
Noten, mis hermanos, que el Cuarto Mandamiento, no dice solamente que debemos de guardar un día de cada siete, sino que debía ser específicamente el séptimo día, es decir el sábado, que de acuerdo con el calendario judío iniciaba a la caída del sol del viernes hasta la caída del sol del sábado de nuestro calendario. Por esta razón, Sam Waldron reconoce que el mandamiento tiene aspectos que no son morales ya que, sin una revelación divina, fuera imposible conocerlo.
Otra cosa que quiero que observen es que la forma de santificar este mandamiento era cesando de todo tipo de actividad. En otras palabras, debía de haber un descanso absoluto. Esto incluía, de acuerdo con otros pasajes del Antiguo Testamento, la prohibición a encender fuego, a recoger leña, a preparar comida, viajar, llevar cargas, comprar y vender.
Por eso luego que Jesús murió y fue sepultado, al ser un viernes, las mujeres prepararon las especies aromáticas para ungir el cuerpo del Señor, justo antes de caer el sol de ese día. Y como dice Lucas 23:56b:
«Y en el día de reposo descansaron según el mandamiento.» (Lucas 23:56b)
Por lo que tuvieron que esperar que pasara el sábado, para ir el primer día de la semana, bien temprano en la mañana, al sepulcro a ungir el cuerpo del Señor.
¿A qué se debe este énfasis en el descanso? Aquí quiero dar crédito al pastor Juan José Pérez, por su explicación en este asunto. Recuerden que los israelitas fueron esclavos por más de 400 años en Egipto, hasta que fueron liberados por Moisés. Por eso cuando en Deuteronomio 5, cuando se le repite al pueblo los 10 Mandamientos, en el caso del Cuarto Mandamiento, no menciona el tema del descanso de Dios en la creación, sino la liberación de la esclavitud.
Dice Deuteronomio 5:14b-15:
«…que este mandamiento era para que tu siervo y tu sierva también descansen como tú. Acuérdate que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por tanto, el Señor tu Dios te ha ordenado que guardes el día de reposo.» (Deuteronomio 5:14b-15)
En tal sentido, este día de reposo o de descanso que los judíos debían guardar para ellos mismos y para todos los suyos, incluyendo los siervos, y que debía de ser específicamente el séptimo día, era un recordatorio permanente de que ellos en el pasado, habían sido liberados de dicha esclavitud por la mano poderosa de Dios.
Pero cuando seguimos leyendo la historia de la redención, ese reposo también apuntaría a un cumplimiento futuro, de una realidad más gloriosa. Y eso nos lleva de la mano a nuestro tercer encabezado y que veremos más ampliamente:
III — El Día de Reposo en el Nuevo Pacto
Y quisiera que viéramos este tercer encabezado en dos partes: A-El Día de Reposo en los Evangelios y B-El Día de Reposo en las Enseñanzas de Pablo.
A — El Día de Reposo en los Evangelios
Aunque Cristo vivió bajo el Antiguo Pacto, sus enseñanzas reflejaban una transición hacia la llegada del Nuevo Pacto, que ocurriría luego de su muerte y resurrección. En cuanto al Día de Reposo, los fariseos de su época le habían añadido muchas cosas a dicho mandamiento que terminaron desvirtuándolo, al convertirlo en una pesada carga y no en un descanso y deleite.
Si una gallina ponía un huevo un sábado, ellos no se lo comían porque la gallina trabajó en ese día y por lo tanto era mejor evitar esto. Si había que moverse de un lugar a otro debía ser de muy corta distancia y no se podía llevar cosas como agujas, pañuelo o comida, ya que eso era una carga, y eso estaba prohibido, entre otras cosas más.
En ese sentido, quisiera llamar la atención, al evento registrado en Marcos 2:23-28. Dice así el pasaje:
«Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y Sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le decían: ‘Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?’. Jesús les contestó: ‘¿Nunca han leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y también sus compañeros; cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él?’. Y Él continuó diciéndoles: ‘El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo’.» (Marcos 2:23-28)
Basado en este pasaje hay dos cosas muy importantes que quiero resaltar: (Y aquí me estaré apoyando en algunas ideas de un documento que escribimos algunos hermanos hace casi 20 años atrás, bajo la dirección de Arturo Pérez, y quien partió a la presencia del Señor.)
Por un lado, Cristo mostró con su ejemplo y sus enseñanzas como debía de lucir una correcta observancia del Día de Reposo. Él no contradijo el Cuarto Mandamiento, sino más bien muchas de las enseñanzas distorsionadas que los fariseos habían introducido, como ya mencionamos. Cristo estableció que ese era un día para hacer el bien a otros. Y lo demostró mostrando misericordia a algunos que tenían enfermedades, etc.
Pero también, Cristo estableció excepciones al cumplimiento del Cuarto Mandamiento. Aunque no se podía recoger espigas, el Señor indica que, en vista de que los discípulos tenían hambre, estaban exentos de culpa por un tema de necesidad. Y yo me pregunto, si el Día de Reposo tal como fue codificado en la ley de Moisés, era un mandamiento moral y permanente para con Dios, ¿cómo es que hay excepciones para su estricto cumplimiento?
Y más aún, cuando los judíos dicen que los discípulos estaban violando el mandamiento del día de reposo, la respuesta de Cristo fue que David también violó una legislación relativa a no comer de los panes de la proposición, porque tenía hambre. O sea que Cristo está comparando lo que hicieron los discípulos de recoger espigas por necesidad, con la violación de David de una legislación claramente ceremonial.
Y luego añade que los sacerdotes mismos en el templo violan el día de reposo y son sin culpa. Sería muy extraño que el Señor esté usando un ejemplo de una legislación relativa a alimentos especiales que pueden ser invalidados en ciertos casos, para justificar la violación del Cuarto Mandamiento en ciertos casos, a menos que ambos tuvieran una naturaleza que no fuese de carácter moral ni permanente.
En el verso 27, Cristo entonces añade que El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Algunos utilizan esta expresión para defender la vigencia actual del día de reposo. Pero entiendo que eso es sacar del texto más de la cuenta. Todo lo que Dios instituyó fue para beneficio del hombre, pero no necesariamente implica que duraría para siempre. (Ej. Muchas leyes ceremoniales y civiles)
Pero lo más importante de este pasaje, es lo que Cristo dice al final de esta historia en el verso 28:
«Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.» (Marcos 2:28)
Él como Señor, puede hacer con ese día lo que le plazca.
«El día de Reposo le pertenece a Él; Él es el Señor del mismo… Él puede hacer lo que Él quiera con el mismo: Abolirlo si Él así lo quiere.» — Benjamín Warfield
Y es que Jesucristo mostró que este Día de Reposo apuntaba hacia Él mismo, como el cumplimiento de lo que dicho mandamiento representaba. Que, así como el reposo de los israelitas les recordaba su liberación de Egipto, Él era el reposo de todo aquel que buscara una liberación definitiva de su pecado.
Por eso, justo antes de esta controversia, Cristo había proclamado lo siguiente en el texto paralelo de Mateo 11:28-30:
«Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.» (Mateo 11:28-30)
Como Jesucristo es entonces ahora el cumplimiento del Día de Reposo, ¿qué sucede entonces con el día en sí mismo, tal como estaba estipulado en el Cuarto Mandamiento, una vez establecido el Nuevo Pacto? Eso nos lleva a la segunda parte de este último encabezado:
B — El Día de Reposo en las Enseñanzas de Pablo
Con la llegada definitiva del Nuevo Pacto, el Día de Reposo tal como estipulado en el Decálogo, ya no ata la conciencia del creyente, aunque sigue teniendo aplicaciones que permanecen vigentes. Y para probar que el día de reposo no ata la conciencia del creyente quisiera ver tres pasajes que enseña el apóstol Pablo. Romanos 14:5-6; Colosenses 2:16-17 y Gálatas 4:9-11.
En Romanos 14, Pablo está hablando de los fuertes y débiles en la fe. Los fuertes son aquellos creyentes que entendieron correctamente que, con la venida de Cristo, ya no estábamos sujetos a los preceptos del Antiguo Pacto en cuando a alimentos y el guardar días. Los débiles eran aquellos judíos que, aunque estaban en Cristo, su conciencia todavía les hacía pensar que todavía había una diferencia en cuanto a alimentos y días especiales.
A ambos grupos Pablo, entre otras cosas, les dice en los versos 5-6:
«Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir. El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda. El que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y da gracias a Dios.» (Romanos 14:5-6)
Y mis hermanos, este pasaje prácticamente se explica por sí solo con relación. Si quieres guardar el día, de la forma en que estaba estipulado en la ley de Moisés, entonces hazlo para el Señor. Pero no juzgues al que no lo hace de esa manera. Algunos han querido argumentar que este pasaje no se refiere al día de reposo semanal, sino a otros días especiales en el calendario judío, como eran los días de ayuno. Sin embargo, esta afirmación del apóstol sería bien extraña, si no se estuviera refiriendo, o al menos incluyendo, el día de reposo semanal.
«Al explicar que los días de ayuno no eran controversiales en la iglesia primitiva, ni eran algo central en el judaísmo. La mayor parte de los judíos (al leer esto) inevitablemente pensarían en el día de reposo, en vista de que este era el día que inmediatamente llegaba a la mente como aquello que distinguía a los judíos de sus contemporáneos.» — Dunn, citado por Schreiner
El otro pasaje es Colosenses 2:16-17 que dice:
«Por tanto, que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo, cosas que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo.» (Colosenses 2:16-17)
Este pasaje refuerza lo que el mismo Pablo ha dicho en Romanos 14.
Él añade aquí que nadie debe legislar sobre sobre nuestra conciencia en cuanto a comer o no ciertos alimentos, o sobre guardar o no ciertos días, ya que dicha legislación, era una sombra que apuntaba a una luz superior que vendría. Y esa luz es Cristo, y por lo tanto ya no estamos bajo esa distinción que estaba estipulada en la ley de Moisés.
Y de nuevo, algunos toman la expresión de Pablo, «día de reposo» (que realmente está en plural) para argumentar que se está refiriendo a otros días especiales en el año, pero no al día de reposo semanal. Pero esta explicación tiene dos problemas: el primero es que, al igual que con Romanos 14, el día de reposo semanal era el día sagrado más importante para el judío.
Sería entonces también muy forzado decir que Pablo está enseñando aquí que no nos deben juzgar con relación a guardar los días de reposo, pero que estaba excluyendo sin aclaración, el día más importante, que era el reposo semanal que guardaban los judíos. Por otro lado, la expresión que usa Pablo de «día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo» viene del Antiguo Testamento, e incluía el día de reposo semanal (Ver 1 Crónicas 23:31; 2 Crónicas 8:13; Ezequiel 45:17)
Lo mismo sucede, en nuestro ultimo pasaje, Gálatas 4:9-11, donde Pablo le dice a estos creyentes:
«… ¿cómo es que se vuelven otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales desean volver a estar esclavizados de nuevo? Ustedes observan los días, los meses, las estaciones y los años. Temo que quizá he trabajado en vano por ustedes.» (Gálatas 4:9-11)
Pablo amonesta a los gálatas por querer volver al Antiguo Pacto, incluyendo el tema de la circuncisión y el guardar festividades. Y Pablo menciona días, meses, estaciones y años, sin hacer ningún tipo de excepción. En ese sentido, entendemos que la lectura más natural del pasaje es que Pablo se refiere a todas las fiestas de la ley mosaica, incluyendo el día de reposo semanal. (Confesión Personal)
Quisiera aquí dar una nota aclaratoria: El hecho de que los creyentes del Nuevo Pacto no estemos bajo la regulación del cuarto mandamiento tal como está estipulado en Éxodo 20, no significa que no haya un día de adoración para el cristiano. En el Nuevo Pacto hay un día de adoración que es el primer día de la semana, donde se conmemora la resurrección de Cristo, y se entiende que de ahí viene la expresión «día del Señor» en Apocalipsis 1:10.
Nosotros recibimos el beneficio de que ese día, en nuestra cultura occidental, es también un día de descanso laboral para la mayoría de las personas, por lo que podemos adorar mejor como iglesia. En los primeros siglos de la iglesia, los cristianos tenían que trabajar en ese día como cualquier otro, y reunirse fuera de sus jornadas laborales, hasta la llegada de Constantino, en el siglo IV, quien declaró ese día de adoración de los cristianos también como día de descanso.
Sin embargo, esa no es la realidad en todo el mundo. Hay países donde el día de descanso semanal es el viernes, y el domingo es como un lunes cualquiera. Y por eso los creyentes que viven en esos lugares descansan el viernes, y lo aprovechan para tener sus actividades eclesiásticas principales. De modo que celebramos el domingo, no como la continuación del día de reposo mosaico, sino como el día de nuestra adoración congregacional, aunque con el beneficio adicional de que es mayormente un día de descanso en nuestra cultura occidental.
Conclusión
Quisiera concluir este mensaje diciendo que, aunque no estamos sujetos al Día de Reposo tal como está estipulado en el Decálogo, el mismo tiene enseñanzas que permanecen hoy en el Nuevo Pacto. Recuerden que el mandamiento fue dado a los israelitas, según Deuteronomio 5, como un recordatorio de que ellos habían sido liberados de la esclavitud de Egipto.
De igual forma, es nuestro deber, cuidar nuestros cuerpos que el Señor nos ha dado, con el descanso apropiado, y también cuidar a aquellos que están bajo nuestra influencia. Dándoles el descanso que necesitan, no abusando de nuestra autoridad, ni poniéndolos en situaciones de dificultad sin necesidad, ni explotándolos en términos etc.
Como dice Santiago 5:1, 4:
«¡Oigan ahora, ricos! Lloren y aúllen por las miserias que vienen sobre ustedes… Miren, el jornal de los obreros que han segado sus campos y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes. El clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.» (Santiago 5:1, 4)
Y, por otro lado, esta enseñanza nos lleva a considerar que, aunque ya no estamos sujetos a guardar un día completo de cada siete, en la forma estipulada por la ley de Moisés, debemos priorizar en nuestras vidas el principio de adoración a Dios a través de los medios de la gracia. Y para poder priorizar dicha adoración, tendremos que aprender a decirle no a otras cosas.
Concluyo diciendo lo siguiente: Hemos dicho que este día reposo, que se menciona primeramente en la actividad creadora de Dios, y que a través de la historia de la redención se conecta también con el reposo de Israel cuando entró a la tierra prometida, se cumple en Cristo, quien es descrito en Hebreos 4:1-11, como Aquel que entró en el reposo del Padre en su ascensión. Y ahora por medio de Cristo, nosotros también entramos ya en ese reposo.
Pero todavía esperamos la manifestación total de dicho reposo cuando Cristo vuelva. De modo que ese reposo es una realidad tanto presente y futura para el creyente. Aprende mi hermano, a descansar en Cristo ahora, mientras alimentas cada vez más tu esperanza de que algún día disfrutarás junto con Cristo, del reposo eterno de los santos.
Y si todavía estás esclavizado por la carga del pecado, te recuerdo la invitación de Cristo que leímos hace un rato en Mateo 11:28-30:
«Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.» (Mateo 11:28-30)
Ven ahora, que hay esperanza. Ven a Cristo mi amigo, y serás salvo.

