INTRODUCCIÓN
En 2019, un padre canadiense fue llevado a juicio por el estado, por referirse a su hija de 14 años como «hija», con pronombres femeninos, y por oponerse a que recibiera inyecciones de transición de género. El tribunal no solo aprobó los tratamientos sobre la menor, sino que también encarceló al padre por acudir a los medios de comunicación.
Estamos viviendo en un tiempo donde leer en voz alta el Quinto Mandamiento, en ciertos espacios, puede ser visto como discurso de odio. ¿Honrar a los padres? ¿Por qué? ¡Todos somos iguales!
¿Y cómo han llegado algunas sociedades hasta ese punto?
Por varios siglos, la autoridad de los padres (y la autoridad establecida en general) ha venido siendo atacada sistemáticamente a través de filosofías engañosas que han demonizado el rol de los padres, convirtiéndolos en los villanos de la película.
La psicología ha popularizado la idea de que todos nuestros traumas y enfermedades mentales son culpa de cómo nos trataron nuestros padres en la niñez.
Y no quiero negar que muchos padres hemos afectado negativamente a nuestros hijos. Pero esa idea se ha usado para victimizar al individuo y quitarle la responsabilidad que tiene sobre sus propias decisiones. Sobre todo, se está utilizando para promover el individualismo y la autonomía de los niños y adolescentes.
Hoy en día, con el auge de las redes, un adolescente puede construir una identidad, una comunidad, una visión del mundo y un sistema de valores completamente diferente al de su familia, dentro de su propia habitación.
El adolescente tiene acceso a una comunidad adulta alternativa — YouTubers, influencers, figuras de TikTok — que le dice que sus padres están equivocados, que sus valores son anticuados, y que su autoridad es opresión.
Esta rebeldía no es nueva. Desde el jardín del Edén, la humanidad caída ha rechazado la autoridad. Adán prefirió su propio criterio al de su Creador. Y desde entonces, cada uno de sus descendientes —incluidos tú y yo— ha cargado esa misma tendencia: Deshonrar lo que Él ha ordenado honrar.
Hoy vamos a estudiar el mandamiento que Dios colocó como bisagra del Decálogo: el primero que habla de cómo tratar a los seres humanos. Y no por casualidad Dios comenzó con los padres. ¿Por qué? Porque la forma en que tratas a tus padres y a las autoridades revela la forma en que le tratas a Él.
«Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.» (Éxodo 20:12)
Este es el quinto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre». Y lo vamos a ver en tres secciones: 1) El Mandamiento; 2) La Promesa y 3) Las Aplicaciones del Mandamiento
[Doy crédito a Phillip Ryken y Thomas Watson, por lo mucho que sus materiales me ayudaron en la preparación de este mensaje.]
I. EL MANDAMIENTO: «Honra a tu padre y a tu madre»
El principio de honrar padre y madre no inició en Éxodo 20. Dios estableció una estructura de autoridad en el mundo, que refleja Su propia autoridad sobre el universo. Dios colocó a Adán como autoridad sobre todo lo creado. Luego, cada hombre debe dejar a padre y madre (su autoridad previa) para unirse a su mujer.
Más tarde, Noé maldice a su hijo Cam por haberle deshonrado, burlándose de él por haberle visto desnudo.
Pero más allá del orden creado, el principio de autoridad refleja la relación entre las personas de la Trinidad, como dice el pastor Sugel Michelén:
«…el Hijo está sujeto al Padre y el Espíritu Santo es enviado al mundo por la autoridad y voluntad del Padre y del Hijo. A Dios le ha placido revelarnos algo de esa relación intra-trinitaria para que nos sirva de modelo y de ejemplo.» — Sugel Michelén
Deuteronomio 5:16, el pasaje paralelo, añade: «Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado».
Este mandamiento no es una construcción cultural, ni el producto de una sociedad patriarcal que oprime al débil, como algunos proclaman hoy. Este es un mandamiento de Dios nuestro Creador que sabe cómo el ser humano puede florecer.
El ser humano no florece con la emancipación o la eliminación de las autoridades, sino honrándolas.
Como lo expresa Phillip Ryken:
«Dios diseñó a la familia para ser nuestro primer hospital, nuestra primera escuela, nuestro primer gobierno, nuestra primera iglesia.» — Phillip Ryken
Si no aprendemos autoridad ahí, no la aprenderemos en ningún otro lugar.
A. ¿Qué significa HONRAR? — kābad
Significa literalmente: «hacer que algo sea pesado». Honrar a alguien es reconocer el peso, el valor y la autoridad que Dios ha puesto en esta persona. Es respetar, estimar y valorar. Viene de la misma raíz de «peso» o «gloria».
Es el mismo verbo que se traduce «glorificar» cuando se refiere a Dios.
Escúchame bien. Dios tomó la misma palabra que usa para hablar de su propia gloria, el peso de su majestad— y la colocó sobre dos personas ordinarias: tu padre y tu madre. No les quitó sus defectos ni les dio poderes sobrenaturales. Simplemente puso sobre ellos algo de su peso. De su autoridad. De su gloria.
Esto significa que cuando tú tratas a tus padres como si no pesaran nada —cuando los ignoras, cuando hablas de ellos con desprecio, cuando actúas como si su opinión fuera irrelevante— estás haciendo ligero algo que Dios hizo pesado. Y eso, hermano, es deshonra hacia Dios mismo.
Otra palabra que usa Moisés es «reverenciar» (yārēʾ):
«Habla a toda la congregación de los israelitas y diles: Santos serán porque Yo, el SEÑOR su Dios, soy santo. Cada uno de ustedes ha de reverenciar a su madre y a su padre, y guardarán Mis días de reposo. Yo soy el SEÑOR su Dios» (Levítico 19:2-3)
Es la misma palabra que se usa para hablar de «temer al Señor». Es el verbo más usado en el AT para describir la respuesta del ser humano ante aquello que lo supera.
Lo que más me sorprende es dónde colocó Dios este mandato de reverenciar a madre y padre. ¿Te fijaste en el verso anterior? «Santos serán porque yo, el Señor su Dios, soy santo».
¿Cuál es la primera marca de santidad que Dios está pidiendo de nosotros? Reverenciar a los padres.
Piensa en esto: hay un hombre en Israel ante quien se inclinan generales y reyes extranjeros. Su palabra es ley. Entra su madre.
«Salomón se levantó, se inclinó ante ella, y mandó a poner un trono a su derecha» (1 Reyes 2:19)
El hombre más poderoso de la tierra se puso de pie ante su madre. Eso es reverenciar.
¿Te sientes tan importante y autosuficiente que piensas que no necesitas mostrar reverencia y respeto por tus padres ni por otras autoridades?
B. ¿Qué PROHÍBE el mandamiento? — Las formas de deshonrar
Pero así como el mandamiento nos manda a honrar, también prohíbe lo opuesto.
«El que maldiga a su padre o a su madre, ciertamente morirá» (Éxodo 21:17)
La palabra hebrea «maldecir» aquí es exactamente lo opuesto de honrar: hacer ligero, restar peso, despreciar, maldecir.
Una maldición es una declaración pública de que alguien no tiene valor, que debería ser reducido a la nada.
En el contexto bíblico , deshonrar a los padres incluía al menos estas dimensiones:
a) Maldecir con palabras: Pronunciar palabras que invocaban su ruina, deshonor o muerte.
b) Actitud de desprecio: tratar a los padres como si no pesaran nada, avergonzarlos públicamente, negarles el sustento, no ponerse de pie cuando entran (cf. Lev 19:32), hablarles con desprecio o sarcasmo.
c) La desobediencia radical: Deuteronomio 21:18-21 describe al hijo que «no obedece la voz de su padre ni la voz de su madre», que es contumaz y rebelde (sōrēr ûmōreh). La raíz de sōrēr implica endurecimiento y terquedad sistemática, no un episodio de desobediencia adolescente.
d) La violencia contra ellos: Una forma extrema de deshonrar a los padres es golpearlos físicamente. Ex. 21:15 «El que hiera a su padre o a su madre, ciertamente morirá».
e) El Corbán: Pero Jesús presenta una forma más sutil de deshonrar a los padres, vestida de religiosidad. En Mateo 15:3-6, Jesús confronta la hipocresía de los fariseos quienes se habían inventado un método elegante llamado «Corbán» para evitar que los hijos tuvieran que ocuparse económicamente de sus padres envejecientes. Lo único que los hijos tenían que decir a sus padres era «el dinero con el que yo pudiera ayudarte es Corbán», es decir, «es una ofrenda para Dios».
De esa manera, dice Jesús, ellos violaban el Quinto Mandamiento, deshonrando a sus padres e invalidando la Palabra de Dios por sus tradiciones.
No todo conflicto o desacuerdo con los padres equivale a deshonrar. El hecho de que tengamos una diferencia con ellos en áreas de fe, política o estilo de vida, que pongamos límites saludables, o incluso que podamos llamarles la atención respetuosamente sobre un pecado, no implica que los estemos deshonrando.
¿De qué formas has deshonrado a tus padres?
* ¿Les has deseado la muerte?
* ¿Has abandonado a tus padres ancianos que no pueden sostenerse a sí mismos, pudiendo ayudarlos?
* ¿Los regañas públicamente con términos degradantes, rebajando su dignidad ante otras personas?
* ¿Hablas mal de ellos con otras personas sin causa justa?
* ¿Te burlar de ellos, muestras desprecio en actitudes, gestos, tonos de voz que les dicen «no vales nada, eres una carga, tu opinión no importa»
Calvino lo expresó de forma muy sobria: «Nadie puede despreciar a su padre sin ser culpable de una ofensa contra Dios —lo que los romanos llamaban sacrilegio.»
Consecuencias de Deshonrar
La Biblia no es tímida al declarar cuáles son las consecuencias de deshonrar a los padres. Aunque algunas de estas formas no se apliquen hoy día, reflejan lo que Dios piensa que merece una persona que deshonra a sus padres:
Ya vimos en Ex. 21:15,17 que había pena de muerte para todo el que golpeara o maldijera a sus padres.
En Deuteronomio 21, Dios establece que el hijo que vive en rebeldía crónica y continua contra sus padres debía ser llevado ante los ancianos de la ciudad y juzgado públicamente. La pena era morir apedreado por el pueblo.
Proverbios nos lo presenta de una forma pintoresca, pero muy gráfica:
«Al ojo que se burla del padre y escarnece a la madre, Lo sacarán los cuervos del valle, Y lo comerán los aguiluchos» (Proverbios 30:17)
Dios no suavizó eso.
La rebeldía contra los padres no era solo un pecado doméstico; era un crimen social. El hijo que desprecia la autoridad en casa es una amenaza para el orden de toda la ciudad.
Pablo pone a los desobedientes a los padres en la misma lista que los homicidas (Rom 1:30; 2 Tim 3:2).
Como escribió el puritano Thomas Watson: «Los hijos desobedientes se encuentran donde todas las flechas de Dios vuelan.»
Honrar es considerar el valor que Dios le da a la autoridad. Pero …
C. ¿Hasta dónde llega este Mandamiento?
Aunque los dos padres (madre y padre por igual) son los destinatarios directos de este mandamiento, Dios no limita el principio de honra solo al hogar.
C.1 — Por Extensión: Todas Las Demás Autoridades
El quinto mandamiento es la base para honrar a todas las autoridades.
Catecismo de Westminster, pregunta 124: ¿Quiénes son padres y madres en el quinto mandamiento? Respuesta: Por padre y madre, en el quinto mandamiento, se entienden no solo padres naturales, sino todos los superiores en edad y dones; y especialmente aquellos que, por ordenanza de Dios, están sobre nosotros en lugar de autoridad, ya sea en la familia, la iglesia o la comunidad.
«Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás. Yo soy el SEÑOR» (Levítico 19:32)
La reverencia que aprendiste en casa hacia tus padres es la misma actitud que debes extender hacia los líderes de la comunidad.
[Ilustración] Yo recuerdo que cuando estaba pequeño, había que respetar a los mayores sin importar quiénes fueran. Hoy, tristemente se ha perdido mucho de ese principio. Muchos jóvenes de hoy tratan a los mayores como iguales o inferiores. Le alzan la voz, los irrespetan, se burlan de ellos, y para Dios, eso también es romper el quinto mandamiento.
En el AT, a otras figuras de autoridad se les llamaba «padre»: al rey (1 Sam 24:11), al profeta (2 Rey 2:12), a los ancianos (Hch 7:2). Y también se les trataba con honra.
En el NT, Pablo y Pedro extienden este principio a todas las áreas de la autoridad humana.
En Efesios 6, Pablo, después de haber citado explícitamente el Quinto Mandamiento, lo extiende hacia el deber que los siervos deben tener con sus amos terrenales.
En Romanos 13:1-2, Pablo usa el mismo argumento para establecer que toda autoridad proviene de Dios:
«Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos» (Romanos 13:1-2)
Así como la violación al Quinto mandamiento trae maldición, el que se opone a las autoridades recibirá condenación. ¿Por qué? Por es lo mismo que oponerse a la autoridad de Dios.
El apóstol Pedro también nos dice:
«Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, o a los gobernadores como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien» (1 Pedro 2:13–14)
«Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey. Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables» (1 Pedro 2:17–18)
¿Cuáles autoridades están incluidas?
Gobierno, empleadores, pastores y líderes de la iglesia, maestros de escuelas, policías — todos. Pablo y Pedro usan los mismos términos de honrar y temer que el Quinto Mandamiento aplica a los padres. Y lo más sorprendente: el rey a quien Pedro manda a honrar era el malvado Nerón.
Es imposible honrar a Dios si no honramos a las autoridades establecidas por Él.
C.2 — ¿Cuál es el límite del Quinto Mandamiento? Honrar siempre; obedecer con discernimiento
La honra es incondicional — siempre tenemos que honrar, porque se basa en la posición que Dios dio, no en el desempeño de quien la ocupa. La obediencia tiene un límite: cuando la autoridad ordena algo en contra de la palabra de Dios, «Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5:29).
Ejemplos: Jonatán desobedece a Saúl pero lo honra hasta el final; las parteras hebreas desobedecen al faraón.
La distinción es crítica: nunca es legítimo deshonrar; a veces es legítimo no obedecer. Veremos algunas aplicaciones más adelante.
Dios sabe que cumplir este mandamiento no es fácil. Por eso añadió algo que ningún otro mandamiento del Decálogo tiene: una promesa.
II. LA PROMESA:
«Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Éxodo 20:12)
Esto demuestra que el respeto a la autoridad contribuye a la estabilidad, florecimiento y continuidad de la vida en la tierra.
Una sociedad que no honra a sus padres es una sociedad que se autodestruye.
A. La promesa en su contexto original
Originalmente, la promesa era para la nación de Israel. No es una garantía de que todos morirían de viejos. Sino de que, si obedecían los mandamientos, iban a permanecer en la tierra prometida por mucho tiempo.
Deuteronomio 5:16 le añade la frase: «y te vaya bien»
No solo larga vida sino buena vida, una vida de bienestar integral, florecimiento en todas las dimensiones.
B. La universalización paulina — Efesios 6:1-3
«Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra» (Efesios 6:1–3)
Pablo cita Deuteronomio, la versión con la promesa doble y añade: «que es el primer mandamiento con promesa» — y esto le da una distinción especial a este mandamiento dentro del Decálogo.
Dos detalles más hacen de este pasaje algo distinto:
* «En el Señor» (v.1) — la obediencia a los padres es ahora un acto de obediencia a Cristo
* La promesa territorial se universaliza: «sobre la tierra» — ya no es solo Canaán
Honrar a los padres y a las autoridades no es solo un deber. Es un camino de bendición.
El hijo que aprende a escuchar evita muchos golpes en la vida. La experiencia de sus padres se convierte en su escuela. Pero la bendición no se detiene ahí: el que honra en casa desarrolla el carácter para honrar en todos los demás escenarios de su vida —en el trabajo, ante las leyes, dentro de la iglesia.
Y cuando esa virtud se multiplica en generaciones enteras, produce algo que ningún gobierno puede fabricar: familias estables, sociedades cohesionadas, naciones que duran. Por encima de la sabiduría, del carácter y de la estabilidad social, hay un Dios que ha empeñado su palabra diciendo: «Te irá bien, y tendrás larga vida sobre la tierra.» ¡Esa es una promesa del Creador del universo!
Transición: Pero ¿cómo honramos a los padres de forma práctica?
III. APLICACIÓN: ¿Cómo luce honrar en la vida real?
A. ¿Cómo luce honrar según la etapa de vida?
Si eres niño o adolescente, la aplicación es sencilla: obedece. Sin refunfuñar, sin voltear los ojos, sin ese silencio que comunica más desprecio que mil palabras. Aún vives bajo su techo, dependes de su provisión, y Dios te dice que eso no es una prisión — es exactamente donde debes estar.
No te avergüences de ellos delante de tus amigos. No los saques de tu vida. Dentro de unos años vas a descubrir que no eran tan torpes como pensabas.
Si eres un joven adulto, busca su consejo en las grandes decisiones — carrera, matrimonio, ministerio. Si vives con ellos, mantente sujeto a las reglas del hogar. Muéstrales respeto ayúdales económicamente.
Si eres adulto y tus padres viven, escúchame bien, porque este mandamiento fue dado principalmente a personas como tú. No a niños en el Sinaí — a adultos. Y el peligro para el adulto no es la rebeldía adolescente. Es algo más silencioso: el olvido. Las semanas que pasan sin una llamada. Los meses en que apareces solo cuando hay una crisis. Tratarlos como opcionales mientras construyes tu propia vida.
La honra no tiene fecha de vencimiento. No terminó cuando te fuiste del hogar.
Cuando tus padres envejecen, la honra adquiere su forma más costosa. Proverbios 23:22 lo dice de forma directa: «No desprecies a tu madre cuando envejezca.» Es posible que tu mamá te repita lo mismo que te dijeron ayer. Cincuenta veces la misma historia.
Pero recuerda: hubo un tiempo en que tú no sabías ni hablar, y ellos tuvieron paciencia contigo.
Ahora es tu turno.
B. ¿Cómo luce honrar en los casos difíciles?
Es probable que en la mente de algunos de los que me escuchan haya conflictos con este mandamiento, porque vivieron circunstancias muy difíciles
Pero el mandamiento no dice: «Honra a tu padre y a tu madre si ellos se portaron bien».
Si tu padre o tu madre estuvo ausente, honrar no significa fingir que no pasó nada. Significa no deshonrar la posición que Dios les dio, aunque ellos no la hayan ejercido bien. Fueron el instrumento que Dios usó para traerte al mundo — y eso solo ya es significativo. No les debes una lealtad que no se ganaron. Pero sí les debes no cargar odio. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas.
Si tu padre o tu madre te hizo daño, el mandamiento no te pide silencio ni sumisión al abuso. Es completamente legítimo poner límites. Es completamente legítimo no exponerte. Lo que el mandamiento no te da es el derecho a vivir en venganza, ni amargura, a dejar que lo que ellos te hicieron siga gobernando tu vida.
La obediencia puede tener límites. La honra, no. Y esa es la diferencia entre una persona libre y una persona encadenada a su propio resentimiento.
Debes mostrar gratitud y honra a aquellas personas que sí estuvieron a tu lado; quizás los abuelos, tíos, la madrastra o padrastro.
Y si lo que cargas es resentimiento — quizás simplemente por años de roces, de expectativas incumplidas, de palabras que nunca se dijeron o que se dijeron de más — entonces este mandamiento sirve para mostrarte algo: Que no vas a resolverlo por tus fuerzas; necesitas la gracia de Dios.
C. Padres y autoridades, vivamos de forma honorable
Este mandamiento también te habla a ti, que ejerces autoridad.
Tus hijos no aprenden a honrar escuchándote predicar sobre el tema — te aprenden a ti. Ven cómo hablas de tus padres, cómo tratas a tus superiores, cómo reaccionas cuando alguien te corrige. Eres su primera definición de lo que significa vivir bajo autoridad.
Así que instruye con amor y firmeza. Habla palabras que construyan, no que destruyan. Cumple lo que prometes. Provee lo que depende de ti. Y ora — ora constantemente por los que están bajo tu cuidado.
No puedes exigir lo que no vives.
D. La esperanza del Evangelio — el Hijo perfecto
No sé ustedes, pero yo me he quedado muy corto en cumplir este mandato. Le he pedido perdón al Señor mientras estudiaba y aún sigo viendo áreas de necesidad en mi vida.
Ninguno de nosotros ha sido el hijo que este mandamiento exige. Ninguno. Hemos deshonrado con palabras, con silencios, con gestos, con años de distancia. Hemos hecho ligero lo que Dios hizo pesado.
Pero hubo un Hijo —el único Hijo verdaderamente perfecto— que durante treinta años vivió sujeto a sus padres, bajo el techo de un carpintero. Que, desde la cruz, en el momento de su mayor agonía, se preocupó por garantizar que su madre quedara cuidada. Que dijo al Padre celestial: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» — y lo cumplió hasta la muerte.
Él vivió esa vida perfecta por ti. Para acreditártela. Para que cuando Dios te mire, no vea tu historia de deshonra, sino la historia de obediencia perfecta de su Hijo.
Por la fe en Cristo, eres adoptado. Y el Espíritu que Él envió —ese Espíritu que te hace clamar «¡Abba, Padre!»— es el mismo Espíritu que te capacita para honrar a los padres que Dios te dio.
Te invito a que, si no lo has hecho aún, te arrepientas de tus pecados y creas que Cristo vivió, murió y resucitó por ti, y serás salvo.
CONCLUSIÓN
El quinto mandamiento no es un código de comportamiento. Es la columna vertebral de la sociedad humana. Es el principio que Dios colocó como entre su honor y el honor al prójimo, porque sabía que el ser humano caído necesita aprender autoridad en el lugar más básico, antes de poder honrarla en cualquier otro.
Y hoy, antes de salir de aquí, quiero hacerte una sola pregunta: ¿Cómo está tu corazón con respecto a las autoridades que Dios ha puesto en tu vida?
No te pregunto si tienes padres perfectos — nadie los tiene. No te pregunto si tu historia fue fácil — para muchos de los que están aquí no lo fue.
Te pregunto por tu corazón. Por la actitud que vive en ti cuando piensas en ellos. Por las palabras que usas cuando hablas de ellos. Por las visitas que no hiciste, las llamadas que postergaste.
Todos hemos fallado en esto. Yo el primero.
Pero aquí está la gracia: En Cristo, Dios no te mira como el hijo que falló. Te mira como el hijo que honró.
Y ese es el fundamento desde el cual puedes comenzar a honrar.
¿Qué cambia esta semana? Si tus padres viven, llámalos hoy. Si ya no están, honra su memoria viviendo con integridad. Si cargaste resentimiento, suéltalo ante el Señor ahora mismo.
El honor a los padres —y por extensión a todas las autoridades— encontró su «sí» definitivo en el Hijo que dijo: «No se haga Mi voluntad, sino la Tuya.» Que esa misma disposición viva en nosotros. Amén


Leave a Reply